Fecha de copyright: 2004
Género: Literatura infantil
Hay historias que hay que contar, describir, ilustrar, una y otra vez, para recordar siempre, para no olvidar nunca lo que pasó. La historia de Erika es una de esas historias. Escrita por Ruth Vander Zee (Chicago, 1944), se trata de una autobiografía que surge de un encuentro fortuito entre la escritora norteamericana y una superviviente del drama de la deportación. Es en 1995 cuando las dos se encuentran en un banco en Rothemburgo (Alemania) e intercambian sus experiencias.
“Entre 1933 y 1945, seis millones de los míos fueron asesinados. Unos murieron de un tiro. Otros murieron de hambre. Y otros muchos murieron en hornos crematorios o asfixiados en cámaras de gas.”
Así empieza La historia de Erika, contada en primera persona por la protagonista. Erika no sabe cuál es su fecha exacta de nacimiento, no sabe cuál es su verdadero nombre, ni siquiera sabe dónde nació. Lo único que sabe es que sus padres biológicos la arrojaron desde la ventanilla de un tren sin retorno, un tren que les habría llevado a los campos de exterminio nazis. La niña se salvó gracias al gesto de extrema desesperación y esperanza de sus padres, y a la benevolencia y el afecto de la señora que la cuidó desde el momento en que encontró a esa pequeña criatura, abandonada, al lado de los raíles del tren. Para nuestra protagonista es imposible olvidarse de sus orígenes, y se hace innumerables preguntas sobre las condiciones de vida de su familia durante la reclusión, o sobre los últimos instantes en brazos de sus padres en un tren que les llevaba a algún lugar desconocido de Alemania…Hacia una muerte atroz.
“Me imagino a mi madre acurrucándome entre sus brazos para protegerme del hedor, de los llantos y del miedo que había dentro de aquel vagón. […] Me pregunto dónde estaba ella. ¿En mitad del vagón? ¿Estaba mi padre a su lado? ¿Dio ánimos? ¿Hablaron de lo que podían hacer? […] Mientras me envolvía con cariño en una manta, ¿susurraría mi nombre? ¿Me llenaría la cara de besos y me diría cuánto me quería? ¿Lloraría? ¿Rezaría?”
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Deleites Literarios


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